Cuando se habla de los vaqueiros de alzada se alude siempre a un determinado grupo social o étnico que se ha venido identificando principalmente con la trashumancia biestacional de personas y ganados, al menos desde cinco siglos a esta parte, en concreto concejos del Occidente de Asturias y cuyo género de vida choca con el de los aldeanos sedentarios del retropaís (“xaldos”) o de la zona costera (marnuetos).
Para ser vaqueiro se considera imprescindible haber nacido en la braña y trashumar. Su asentamiento no es fijo. Son pastores estacionales que en invierno habitan en las zonas bajas o costeras y que a primeros de mayo alzan su morada y emigran con sus familias y ganados a las brañas altas (lugares de pasto de verano) en busca de mejores pastos, hasta finales de septiembre.
Debido a la perpetuación de sus costumbres y cultura tradicional nacieron las diferencias y consecuentes enfrentamientos con los aldeanos sedentarios, con motivo de la competencia por el uso de los espacios comunes, y los roces con las autoridades civiles y eclesiásticas que por mor de su doble residencia, de invierno y de verano, imposibilitaba el control fiscal, eximiéndose de cargos y obligaciones tributarias, y librándose con frecuencia de levas y milicias. Todo ello, junto con el medio físico, motiva el aislamiento de las brañas y sus moradores con las vecinas aldeas y la formación de los vaqueiros de alzada como grupo étnico diferenciado, que aún perdura.
La tendencia a la uniformidad se ha dejado sentir especialmente desde los años sesenta. La sociedad rural asturiana comienza a transformarse profundamente y el grupo vaqueiro va perdiendo su identidad étnica y su cultura grupal. Esta tendencia se manifiesta en el descenso de la trashumancia estacional, una mayor dedicación agrícola de los vaqueiros y la práctica pérdida de la arriería y la trajinería como sistema de intercambio de productos entre la braña y las aldeas cercanas a la Castilla limítrofe.